Espera un momento, pero ¿qué es un "momento"?

De Navarone al espacio: El impulso que lo mueve todo

Los cañones son armas que me han impresionado desde niño. Recuerdo vivamente el reestreno de Los cañones de Navarone en el cine Principado de Oviedo; yo tendría unos quince años y aquella película se convirtió, para siempre, en una joya del cine bélico en mi memoria.

Mi conexión con aquel cine era casi física. Vivía en la calle Marqués de Santa Cruz, perpendicular a Cabo Noval, donde se ubicaba la sala. La parte trasera de mi casa daba a un patio de luces cuya pared frontal era, precisamente, el lateral del cine. Por las noches, mi hermano y yo proyectábamos nuestras películas de Super-8 sobre ese muro. Aunque no era la superficie más limpia, lográbamos unas dimensiones de pantalla espectaculares.

El reestreno de Los cañones de Navarone fue "sonado" en todos los sentidos. En la sesión de las diez de la noche, el retumbar de los disparos inundaba nuestro patio de luces. Nuestra imaginación volaba al interior de la fortaleza junto a David Niven y Gregory Peck. También recuerdo el mítico sistema Sensurround de películas como Terremoto o La batalla de Midway, que hacía tronar el patio por la reverberación. En nuestra memoria quedó grabada la épica banda sonora de Dimitri Tiomkin, una melodía que cualquier aficionado al género reconocerá al instante.


La realidad supera a la ficción: El cañón Dora

Lo impactante de la película era la misión para destruir aquellos cañones guiados por radar, capaces de lanzar obuses a distancias increíbles. Esa idea —proyectar un objeto a gran distancia y con precisión— siempre me cautivó. Sin embargo, los cañones de Navarone eran ficción; ni siquiera la isla existe en la geografía griega.

Al investigar la realidad, encontré algo todavía más imponente: el cañón Gustav, fabricado por Krupp y conocido popularmente como “Dora” (80 cm K (E)). Fue la pieza de artillería más grande jamás construida.


Aunque espectacular, el Dora era una idea absurda. Pesaba 1.350 toneladas y requería una logística demencial para una cadencia de tiro de apenas 14 proyectiles al día. Eso sí, sus dimensiones eran sobrecogedoras: un calibre de 800 mm que hacía que un tanque de la época pareciera un juguete a su lado. Hitler lo llamaba “meine stählerne Faust” (mi puño de acero), aunque, afortunadamente, fue un puño que golpeó poco.

La física del retroceso: El momento lineal

El Dora lanzaba obuses antiblindaje de 7.000 kg y alto poder explosivo de 5.000 kg. El obús salía a una velocidad de 720 m/s. 

De niño, siempre me pregunté cuál sería el retroceso de semejante mastodonte montado sobre raíles. Hoy podemos calcularlo y, de paso, ilustrar el concepto de momento (o cantidad de movimiento), pilar fundamental para entender cómo funcionan los aviones a reacción y los cohetes.

Para hacerlo podemos emplear las leyes de Newton, pero tenemos un pequeño problema: no sabemos ni la fuerza ni la aceleración. Para poder resolverlo, primero debemos transformar un poco las ecuaciones. Nada complicado.

Vamos a calcularlo con el obús de 5.000 kg. Para empezar debemos poner todas las unidades en el mismo formato, kg y m/s. 

Llamaremos con el subíndice 1 las cantidades relacionadas con el obús y con el subíndice 2 las relacionadas con el cañón, tenemos entonces: 
  • Obús (m1 = 5.000 kg y  v1 = 720 m/s)
  • Cañón (m2 = 1.350.000 kg  y  v2 = ?) 
Ahora debemos saber las fuerzas (F1, F2) del obús y del cañón, además de las magnitudes de sus aceleraciones (a1, a2), que asumimos constantes. Lo que si sabemos es estas aceleraciones son en direcciones opuestas una a la otra (Tercera Ley de Newton). Además de esto debemos saber la duración del tiempo t durante el que actúan. Para ello empezaremos por poner las ecuaciones de la 2ª ley:  F1 = m1a  y  F2 = m2a2. La 3º ley dice que las fuerzas son iguales en magnitud, luego:

m1a1 = m2a2                  (1) 

Esto elimina las fuerzas. También sabemos que la velocidad es igual a la aceleración por el tiempo, así que:

v1 = a1
v2 = a2t

Si dividimos una por otra podemos hacer desaparecer el tiempo.

v2/v1 = a2/a1                  (2) 

Ahora, volviendo a la ecuación (1), podemos dividir ambos lados de la ecuación por a1m2 y obtendremos:

m1/m2 = a2/a1                 (3)

Ahora podemos substituir desde (2) a (3), ó viceversa, y de esta forma las aceleraciones, también, desaparecen. Lo que queda es:

m1/m2 = v2/v1                 (4)

En esta ecuación ya conocemos todos los valores excepto la velocidad, pero esta puede calcularse multiplicando ambos lados por v1

v2 = v1 (m1/m2) = 720 (5.000/1.350.000) = 2,67 m/s 

En la ecuación (4) podemos quitar las fracciones para hacerla más manejable multiplicando ambos lados por el producto (m2v1) de los denominadores, esto nos da:

m1v1 = m2v2                   (5)

Lo interesante del asunto es que el producto de la masa por la velocidad se llama momento y se denomina a menudo por la letra P. Existe en la física un concepto central relacionado con la conservación del momento. Precisamente la ecuación (5) nos dice que el momento dado por el cañón es igual al momento dado por el obús. Aquí, tanto el momento P como la velocidad v son cantidades vectoriales, esto es, tienen módulo, dirección y sentido. Al tener sentido, es razonable suponer que las velocidades de uno y otro momento son positivas hacia un lado y negativas hacia el otro. Luego entonces:

v1= 720m/s         P1 = m1v1= 5.000 kg x 720 m/s = 3.600.000 kg-m/s
v2= - 2,67 m/s     P2 = m2v2 = 1.350.000 kg x (- 2,67 m/s) = -3.600.000 kg-m/s

Antes de que el cañón fuese disparado, ninguna masa tenía velocidad y por consiguiente el momento total P = P1 + P2  era cero. Después del disparo, como se ha visto, el momento total permanecía siendo cero. Esta es una propiedad general (o si se quiere, otra formulación de las leyes de Newton) y puede ser definida como:
En un sistema de objetos no sujetos a fuerzas del exterior, el vector suma de todos los momentos permanece igual ("se conserva").

Idea central a recordar

  • El producto de la masa por la velocidad es el momento (P). 
  • Antes del disparo, el momento total era cero. 
  • Después del disparo, el sistema se compensa: el momento positivo del obús se anula con el momento negativo (retroceso) del cañón.

Ley de Conservación del Momento: En un sistema sin fuerzas externas, la suma de los momentos permanece constante.

Esto también funciona cuando están implicados 3 ó más objetos y cada unos se mueve en una dirección completamente diferente. Por ejemplo, los obuses que explotan en el aire, tienen el mismo momento que la serie de fragmentos y gases producidos inmediatamente después de su explosión, sin tener en cuenta la resistencia del aire.

Este es, precisamente, el principio del cohete: al expeler masa (gases) hacia atrás a gran velocidad, el vehículo gana un momento hacia adelante de igual magnitud. ¡Tachán! La magia de la astronáutica empieza en la recámara de un cañón.

¿Quién se lleva la energía?

Cuando el cañón retrocede, recibe el mismo momento que el obús. El momento se reparte, no así la energía cinética E = mv2/2 ¿Cómo se distribuye esta energía E? Calculémoslo:

Puesto que E = mv2/2. entonces tenemos, para el obús

E1 = 5.000 kg (720m/s)2/2 = 2.592.000.000 julios

y para el cañón

E2 = 1.350.000 kg (2,67 m/s)2/2 = 9.624.015 julios

¡Que distribución tan diferente! Efectivamente, el cañón, es 270 veces más pesado que el obús, pero recibe casi 270 veces menos energía. Podemos preguntarnos entonces ¿es esta la regla general que rige en la naturaleza? Pues si, así es.

Tenemos, usando símbolos

E1 = m1v12/2
E2 = m2v22/2

Dividiendo la una por la otra:

E1/E2 = m1v12/m2v22

Sustituyendo la ecuación (1) en el numerador, luego eliminando (m2v2) arriba y abajo obtenemos

E1/E2 = v1/v2

Por la ecuación (4), invertida tenemos

v1/v2 = m2/m1

por lo tanto:

E1/E2 = m2/m1                 (6) 

Esto significa que la masa más ligera siempre recibe la mayor parte de la energía del sistema. Es una lección fundamental: para que un cohete sea eficiente, debemos lanzar el combustible (masa ligera) a la mayor velocidad posible para que el vehículo aproveche la energía.

Si te apasiona la tecnología punta, el siguiente paso evolutivo no usa explosivos, sino electromagnetismo: el cañón de riel (railgun o cañón de riel). Este es lo más moderno en cañones y no utiliza explosivos ni para el lanzamiento ni para la destrucción del objetivo. El vídeo te sorprenderá si no habías escuchado nada de él. Pero eso es una historia de energía pura que merece su propio capítulo.


El reto del espacio: ¿Podría el "Dora" lanzar un satélite?

Tras ver la potencia bruta del cañón Dora, es inevitable hacerse una pregunta que ha cautivado a la humanidad durante siglos: si somos capaces de lanzar un proyectil de siete toneladas a una velocidad supersónica, ¿por qué no usamos cañones para poner objetos en órbita en lugar de costosos cohetes?

Esta idea no es nueva. El visionario Julio Verne, en su fantástica novela De la Tierra a la Luna (1865), ya imaginó un colosal cañón, el "Columbiad", capaz de disparar una cápsula tripulada hacia nuestro satélite. Verne acertó en muchos detalles asombrosos para su época: el uso de una aleación de aluminio para la cápsula, el punto de lanzamiento en Florida (cerca de Cabo Cañaveral), el tamaño de la tripulación e incluso el concepto de un viaje de ida y vuelta.

Sin embargo, en lo fundamental, Verne se equivocó en la mecánica del lanzamiento. Y las razones de su error son precisamente las que explican por qué el cañón Dora, y cualquier otro cañón real, nunca podrá llevarnos al espacio.

La respuesta reside en una cifra mágica y aterradora: la velocidad de escape.

Para que un objeto abandone la gravedad terrestre y llegue al espacio, necesita alcanzar una velocidad mínima de unos 11.200 m/s (aproximadamente 40.320 km/h. Si solo queremos alcanzar una órbita baja (LEO), la velocidad horizontal requerida es de cerca de 8.000 m/s.

Comparemos las cifras:

  • Velocidad de salida del cañón Dora: 720 m/s
  • Velocidad necesaria para orbitar (LEO): 8.000 m/s
  • Velocidad de escape (abandonar la Tierra): 11.200 m/s

El Dora, con toda su presencia titánica, apenas alcanzaba el 9% de la velocidad necesaria para entrar en órbita. Incluso los cañones modernos más avanzados apenas superan los 2.000 m/s. El "Columbiad" de Verne, para lograr su cometido, habría tenido que disparar la cápsula a velocidades imposibles para la época y para la física del material.

El problema de la aceleración brutal

Aquí es donde Verne tropezó con la realidad física. Supongamos que construyéramos un cañón lo suficientemente largo y potente para disparar un proyectil a 8.000 m/s. El problema sería la supervivencia de su cargamento.

En un cohete, la aceleración es gradual; los astronautas suelen sentir entre 3 y 4 veces la fuerza de la gravedad (3g o 4g). En un cañón como el Dora, el obús pasaba de estar quieto a viajar a 720 m/s en apenas unos metros de cañón. Eso supone una aceleración de miles de fuerzas G. Cualquier satélite, su delicada electrónica o, como en la novela de Verne, un ser vivo, quedaría convertido en puré instantáneamente antes de salir de la boca del arma. La idea de Verne de que un líquido amortiguaría el golpe inicial era ingeniosa, pero insuficiente ante tales fuerzas.

La atmósfera: el muro invisible

Además, está el problema de la atmósfera. Un cohete atraviesa las capas más densas del aire a velocidades relativamente bajas y va acelerando a medida que el aire se vuelve más fino en altitudes elevadas. Un proyectil de cañón, sin embargo, sale a su máxima velocidad en el punto donde el aire es más denso: a nivel del mar. A 8.000 m/s, la fricción con el aire generaría un calor tan intenso que el proyectil se desintegraría o se consumiría como un meteoro antes de salir de las capas bajas de la atmósfera, incluso si estuviera hecho de materiales avanzados.

El puente hacia el cohete: Continuo, no instantáneo

Por todo esto, el cohete es el rey indiscutible de la exploración espacial. A diferencia del cañón, que le da toda la energía al objeto en un solo impulso (un sistema de momento instantáneo), el cohete lleva su propio motor y va "empujando" de forma continua durante minutos.

Como vimos en la ecuación de conservación del momento (m1v1 = m2v2), el cohete no necesita una explosión inicial externa. Él genera su propio retroceso (empuje) expulsando gas a alta velocidad hacia atrás. Es, en esencia, un cañón que dispara billones de minúsculos "proyectiles" (moléculas de gas) cada segundo en una dirección para avanzar en la opuesta.

Para cerrar este capítulo, nada mejor que una comparativa directa. Aquí podemos ver cómo la ingeniería alemana de la Segunda Guerra Mundial llevó la artillería a su límite físico, y cómo la era espacial necesitó un enfoque completamente distinto para romper las cadenas de la gravedad.

A continuación, comparamos al titánico Cañón Dora con el rey de los cohetes, el Saturno V (el vehículo que llevó al ser humano a la Luna).

Tabla Comparativa: Fuerza Bruta vs. Empuje Continuo

Característica

Cañón "Dora" (Krupp 80 cm)

Cohete Saturno V (Apolo)

Tipo de Propulsión

Impulso instantáneo (Explosión)

Empuje continuo (Reacción)

Masa Total

1.350.000 kg (1.350 t)

2.970.000 kg (2.970 t)

Masa del Proyectil

7.000 kg (Obús)

118.000 kg (Carga a LEO)

Velocidad de Salida

720 m/s (Mach 2.1)

11.200 m/s (Velocidad de escape)

Aceleración Máxima

~10.000 G (Estimada)

4 G (Máxima para humanos)

Alcance / Destino

47 km (Tierra)

384.400 km (La Luna)

Energía Cinética

~2,5 Gigajulios

~350 Gigajulios (Solo al despegue)

Conclusión

Como hemos visto, el cañón Dora representa el clímax de una tecnología diseñada para la destrucción a corta distancia, basada en un único y violento intercambio de momento lineal. Por el contrario, el Saturno V es la maestría de la conservación del momento aplicada de forma sostenida: una expulsión constante de masa que permite vencer la atmósfera y la gravedad sin destruir su contenido en el proceso.

Julio Verne tenía la intuición correcta sobre el destino, pero solo el cohete, con su capacidad de acelerar gradualmente en el vacío, pudo convertir la fantasía de De la Tierra a la Luna en una realidad histórica.

Gracias al. Dr. David P. Stern

Para saber más sobre cañones:

Velocidad de escape

-------------------------------enlace "pinchabel" de los comentarios de Pablo-----------------------

https://www.despertaferro-ediciones.com/2018/leros-1943-fallschirmjager/ 

Comentarios

  1. Bravo!
    Como profesor de física he de alabar este post, no sólo por lo interesante que resulta hacer unos números sobre el "juguetito", sino porque muestra cómo empleando leyes básicas (de 4 de ESO) ya podemos alcanzar conclusiones interesantes.
    Además estoy firmemente convencido de que para enseñar física, hemos de aplicarla a sistemas reales que llamen la atención, en vez del el clásico "Un móvil puntual en un plano inclinado..."

    PD: Hace tiempo elaboré un guión actividades para aplicar las leyes de la dinámica (nivel secundaria) a la aviación, pero gracias a tu blog he comprobado que tenía varios errores de aficionadillo. Dado que hace meses me propusiste participar, si te parece adecuado lo reviso y te lo hago llegar de alguna manera, para que los asiduos al blog puedan "torturar" a sus hijos estudiantes.

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    Respuestas
    1. Querido amigo, muchísimas gracias por tu comentario. Cuando alguien me pregunta que es lo que más me llena en mi trabajo de instructor siempre digo lo mismo: ver la cara de un alumno cuando de repente descubre la clave del asunto que tratas de explicar. Ese Ooooh! que no se escucha pero se siente, se ve en su semblante y en el brillo de sus ojos... Cada vez que ocurre engordo un kilo :) Jajaja.

      Estoy totalmente de acuerdo con lo que comentas. Es fundamental llevar las cosas teóricas al campo de lo práctico. A los chavales les encanta.

      Mándame lo que quieras y lo publicaré con muchísimo gusto. Es más, tienes este humilde Blog a tu disposición para utilizarlo como creas conveniente en tus clases. Tanto si quieres copiar el texto (está protegido, pero yo te lo mando) como si quieres utilizar cualquiera de las ilustraciones.

      Puedes mandarme lo que quieras a nel.r@hotmail.es y te contesto para tener una línea privada de comunicación. Si no funcionara me lo dices y buscamos otra forma.

      Un abrazo
      Manolo

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  2. Manolo:

    Con la venia, apartándome de la orientación físico- matemática y a propósito de la película en la que aparecen unos cañones de fantasía y una isla que no existe.

    No deja de llamar la atención cómo Hollywood reescribe la Historia, ya que el carácter épico y victorioso de la trama del film no se corresponde en absoluto con lo que pasó en el Mediterráneo Oriental en esa fase de la guerra. El marco real habría que situarlo en la Campaña del Dodecaneso, campaña que no destacó precisamente por los éxitos militares de los aliados en general y de los ingleses en particular, más bien por todo lo contrario, y que supuso "tres últimas veces":
    -. La primera "última vez" que una campaña se hizo por iniciativa británica; Chruchill, cada vez más inquieto por la pérdida de influencia en la conducción de la Guerra frente a los americanos, concibió, como una fantasmal evocación de los Dardanelos, una operación rápida para, tras la capitulación de Italia y aprovechándose de la debilidad de los alemanes, ocupar las islas del Dodecaneso, desarmando a los italianos y aprovechar para ejercer influencia sobe la ambigua Turquía a fin de que se decantara a favor de los aliados. Los americanos, recelando de la viabilidad de la operación, se negaron en redondo a proporcionar el imprescindible apoyo naval y aéreo, con lo que los british se apañaron con una mínima fuerza naval , un puñado de Spitifires, algunas fuerzas especiales (“SBS”y "LRDG") y tropas de segunda clase, confiando en que los italianos se avendrían a rendirse sin complicaciones. Pero los alemanes no estaban por la labor… y de ahí
    -. La segunda “última vez”, que no es sino la oportunidad de proporcionar a los alemanes la que sería su última victoria militar en el frente occidental. Pues lo que pasó es que los teutones recularon y se presentaron en las islas, con fuerzas aéreas y paracaidistas muy superiores que se quitaron de encima a los ingleses y masacraron cruelmente a los italianos, que se habían rendido y estaban desarmados. Esta es una matanza poco recordada fuera de Italia en la que los antiguos aliados se vengaron sin piedad ante lo que habían considerado una traición.
    -. Y la tercera “última vez”, y más aeronáutica, ésta sería la última ocasión en la que, al menos en el Frente Occidental, brillaron por su eficacia los Stukas y los paracaidistas alemanes, ya que en otros frentes, y en lo sucesivo, la superioridad aérea de los aliados acabó con el empleo de estas armas.

    Así que la realidad se alejó bastante de lo contado en la “Gran Pantalla”, lo cual no obsta para que sea, como dices, un peliculón. Además, un mayor grado de veracidad histórica no es, ni mucho menos, garantía de calidad, pues hay otra película que sí se ciñe algo más a los hechos, “La mandolina del Capitán Corelli”, con Nichloas Cage y Penélope Cruz como protagonistas; bueno, se suele decir que toda comparación es odiosa, pero es que en “Los Cañones” están David Niven, Anthony Quinn, Gregory Peck, Irene Papas…

    Espero que puedas disculparme el “momento” (pun intended) histórico – cinematográfico.
    Un saludo.

    Pablo

    Enlace: https://www.despertaferro-ediciones.com/2018/leros-1943-fallschirmjager/

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pablo:

      Un placer recibir tus estupendos comentarios, que siempre incrementan el valor de las entradas en concreto y el Blog en general. Es cierto que los que ganan las guerras tienden a reescribir la historia y no reparan en el uso y abuso de “licencias” de cualquier clase para enfatizar sus aciertos y minimizar sus errores. Entre los errores más grandes del Sr Churchill efectivamente recuerdo como más dramático la carnicería de Galípoli o batalla de los Dardanelos que tu comentas. Por cierto, no me gustó la película de Mel Gibson. Parece mentira que Churchill pudiera llegar a primer ministro más tarde después de una metedura de para tan grande. Una prueba más de que lo importante y el secreto del éxito en política es simplemente mantenerse.

      Quizás a excepción de Senderos de gloria de Kubrick, creo que esta tendencia a producir películas que exaltan los aciertos (aunque sean ficticios) se revirtió a mediados de los 70, cuando se filmaron películas desde un punto de vista más crítico y quizás más realista. Recuerdo ahora dos de ellas que me gastaron mucho. La primera es Un puente lejano de 1977, que seguramente habrás visto y quizás leído a Cornelius Ryan, en la que se pone de manifiesto una vez más la falta de criterio del mando británico a la hora de lanzar una operación militar a gran escala. La operación Market Garden podría haber terminado mucho peor de lo que ocurrió simplemente porque Montgomery y el general Browning en aquella ocasión fueron un par de incompetentes. Aún recuerdo el diálogo entre el general Browning (Dirk Bogarde) y el general Urquhart (Sean Connery): “I took 10,000 of our finest troops to Arnhem; I've come back with less than 2,000.” A pesar de ello la operación fue considerada por Monty como un éxito al 90%… en fin.

      Como nos dice la IMDB: la actuación de Sir Dirk Bogarde en el papel del general Browning fue muy controvertida, y varios amigos del difunto general sugirieron que, si Browning aún estuviera vivo en 1977, habría demandado al director Sir Richard Attenborough y al guionista William Goldman por difamación. El propio Bogarde se mostró en desacuerdo con la imagen que se daba de este personaje durante el rodaje, ya que conocía a Browning personalmente, porque era miembro del personal del mariscal de campo Bernard L. Montgomery durante la guerra. Aunque Attenborough asumió públicamente la responsabilidad de la controversia, su relación con Bogarde nunca volvió a ser la misma.

      La otra película a la que me refiero es ficticia, pero me pareció “posible” dentro de lo que representa una operación de comandos paracaidistas, como la que se lanzó para liberar a Mussolini. Me refiero a la magnífica Ha llegado el águila de 1976, con un muy convincente Michael Caine en el heroico papel del coronel Steiner. Se me pone la carne de gallina cuando recuerdo la escena en la que después de salvar al niño de la noria, se le ve el uniforme alemán al paracaidista muerto y entonces todos ellos se despojan de los uniformes aliados. Para mi modo de ver esta escena ensalza la nobleza del verdadero soldado alemán (que no nazi). Fue una de las primeras veces que pude ver este detalle de cortesía al enemigo en una película británica. Recuerdo haber visto esta película en Madrid cuando tenía 15 años. Me llevó mi padre a verla y al salir del cine me preguntó que opinaba de ella y de la acción heroica del coronel alemán al tratar de salvar a una judía que huía. La conversación derivó en los valores e ideales que toda persona honesta e integra debe tener. Fue algo más que una conversación sobre una película bélica para mí. Cinco años después yo ingresaba en una academia militar del Ejército del Aire.

      Un cordial saludo
      Manolo

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