Mente ingenieril vs problemas reales

El otro día en Viena un piloto que estaba haciendo la calificación de tipo en nuestro avión, se quejaba amargamente sobre la lógica y las funciones del avión. Me decía que no existía una relación lógica y clara (según él) entre como los ingenieros habían diseñado los sistemas automáticos del avión y las necesidades "reales" de los pilotos. Me dijo que hacía días que no dormía bien pensando en ello. Le vi tan enfadado ante la posibilidad de fallar el examen que intenté tranquilizarle contándole una pequeña anécdota humorística de matemáticos y "chicas rubias". Que no se me enfaden las chicas rubias por el tópico, ...ni los matemáticos tampoco :)  


Histerias para no dormir: ¡Horror, no tengo nada que ponerme!


“Las revistas de moda siempre me han desconcertado. Según mi punto de vista de ignorante, los artículos parecen estar tan llenos de quisicosas y tonterías que hacen que el horóscopo parezca un estudio realmente científico”.

John Allen Paulos

Soy rubia, no lo niego. Pero estoy leyendo “El nombre anumérico” porque me lo ha recomendado mi chico, que se piensa que soy un poco lela. Este libro está escrito por un matemático que despotrica contra la incultura matemática de la gente actual. Trata de ser un libro divulgativo y pone ejemplos cotidianos en donde las matemáticas nos ayudan a resolver pequeños problemas. ¿Pequeños problemas he dicho?

Quien de vosotras no se ha quedado pasmada de buena mañana delante de un armario repleto de ropa (a menudo amontonada) y ha pensado: ¡Dios mío, (...o Oh my God!) no tengo nada que ponerme!

El tal John Allen Paulos, autor del librito, especula muy alegremente con la posibilidad de que las matemáticas nos ayudan a resolver ese “pequeño gran problema”. Según el autor esto debería de plantearse de la siguiente manera: si disponemos, por ejemplo, de 5 blusas y 3 faldas distintas podremos combinarlas de 15 maneras distintas, ya que 5 blusas x 3 faldas = 15 combinaciones diferentes (también llamados outfits en la jerga del “refinamiento fashion”).

Veamos con un poco más de detalle cómo podría ser esta distribución. Si llamamos B a las blusas y F a las faldas tendríamos estas posibilidades: B1F1, B2F1, B3F1, B4F1, B5F1, B1F2, B2F2, B3F2, B4F2, B5F2, B1F3, B2F3, B3F3, B4F3, B5F3.

Hasta aquí todo está muy claro… no me hacía falta que el señor Paulos me dijera esto (no soy “tan rubia” por Dios). El problema es que las matemáticas simplifican mucho las cosas y en la vida real todo se vuelve un poco más complicado… Lo que el señor Paulos no sabe (ni mi chico tampoco) es que la F2 me hace un culo más grande que el de Bridget Jones, que la F3 se me ha quedado pequeña (yo nunca engordo ...of course) y que la B1 ya no se lleva, la B2 ha desteñido, la B4 es demasiado formal y la B5 estoy harta de ella. Con estas premisas (mucho más realistas) solo me quedarían la combinación siguiente: B3F1, que es divina de la muerte, pero… ¡¡¡Ya me la puse ayer!!!! Por lo tanto insisto, señor Paulos:

¡NO TENGO NADA QUE PONERMEEEEEEE!

La moraleja de esta reflexión es clara. No siempre la lógica (tan objetiva ella) puede ayudarnos a resolver ciertos problemas, sobre todo si estos problemas son relativos a “nuestro mundo”, en los que existen cientos de factores subjetivos, pero igualmente importantes para todos nosotros.

Mi alumno debe  de aceptar la lógica del avión y aprendérsela de memoria ...y en el caso de la "rubia" está claro: debe de ir de compras :)  

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