miércoles, 14 de octubre de 2015

Precursores ficticios de los satélites artificiales

Un satélite artificial es un artilugio enviado en un vehículo de lanzamiento el cual mantiene una órbita alrededor de cuerpos del espacio como estrellas o planetas. Los satélites artificiales pueden orbitar alrededor de asteroides y planetas. Tras su vida útil, los satélites artificiales pueden quedar orbitando como basura espacial.

La primera representación ficticia conocida como un satélite artificial lanzado a una órbita alrededor de la Tierra aparece en un cuento de Edward Everett Hale, The Brick Moon (La luna de ladrillos). El cuento, publicado por entregas en Atlantic Monthly, se inició en 1869. Es una obra de ficción especulativa que contiene la primera descripción conocida de un satélite artificial. The Brick Moon está escrito como si fuera un diario. Describe la construcción y lanzamiento en órbita de una esfera de 61 metros de diámetro, construida con ladrillos. Estaba pensada como una ayuda de navegación, pero fue lanzada accidentalmente con personas a bordo. La tripulación sobrevive, por lo que el relato también proporciona la primera descripción ficticia conocida de una estación espacial.


La idea de satélite artificial reaparece en Los quinientos millones de la Begún (1879) de Julio Verne. Los quinientos millones de la Begum o Los quinientos millones de la princesa india (1879) es una novela escrita por Julio Verne sobre la base de una idea original de Paschal Grousset, quien vendió sus derechos por 1.500 francos a los editores de Verne y terminó siendo revisada y totalmente reescrita por éste último, según refiere Javier Coria. Su título original es Les cinq-cents millions de la Bégum. Durante muchos años se creyó que era una obra basada en un argumento original de Julio Verne. Considerada por éste una obra totalmente incoherente, sin embargo tomó una de las líneas argumentales, la de dos ciudades enfrentadas dentro del territorio de los Estados Unidos fundadas y dirigidas por dos ricos herederos: uno francés, utopista y pacífico; y el otro alemán, industrioso y belicista.

Fue publicada de manera seriada en Magazine de Ilustración y Recreo (Magasin d'Education et de Récréation) desde el 1 de enero hasta el 15 de septiembre de 1879, y posteriormente de manera íntegra junto al relato Los amotinados de la Bounty el 18 de septiembre del mismo año. También apareció en un volumen doble junto a Las tribulaciones de un chino en China.

El lector podrá ver la visión particular de Julio Verne del poder que el dinero y la tecnología pueden ejercer sobre la sociedad moderna, por medio de una fabulosa riqueza que es heredada por dos hombres muy distintos.

La fabulosa herencia de una begún hindú, de 527 millones de francos de la época, parece quedar sin sucesor. Al final aparecen dos next of kin (legítimos herederos, en lenguaje jurídico internacional) que pueden aspirar a ella: el francés Dr. Sarrasin y el alemán Dr. Schultze, médico el primero y químico el segundo, emparentados en grado lejano a través de una francesa casada con antecesores del alemán.

Mientras el primero dedica la mitad de su fortuna a construir en Oregón (Estados Unidos) una utópica ciudad moderna, France-Ville, ordenada, limpia, sin enfermedades y con los medios de comunicación más modernos, el teléfono en cada casa y el reloj eléctrico en todas las plazas, el segundo construye, no muy lejos, Stahlstadt, la ciudad del acero, ciudad-fortaleza repleta de secretos en la que se produce en sus fundiciones todo tipo de armas para cualquier país o potencia que pueda pagarlas.

Mientras que los habitantes de France-Ville procuran idear el modo de prolongar la vida humana y darle todo tipo de comodidades, los de Stahlstadt (una copia de la factoría Krupp de Essen) idean y fabrican armas de destrucción más modernas, potentes y mortíferas que cualquier otra. La cercana France-Ville se convierte, de este modo, en la molesta oponente del militarismo alemán importado a los Estados Unidos.

En el planteamiento de la novela aparecen sorprendentes hipótesis: la planificación de Sarrasín podría haber inspirado a diseñadores actuales tal como pude ver en este enlace: 

Lo que hoy nos interesa es ver la aportación de Verne a los satélites artificiales. Las armas que Schultze proyectaba construir se convertirían en realidad unas décadas más tarde. Las armas de Schultze eran de dos tipos: proyectiles asfixiantes a base de anhídrido carbónico (parecidos a los que se usaron en la I GM) y una enorme bala erizada de diminutos cañones cargados con munición incendiaria, que abrirían fuego simultáneamente al sobrevolar la ciudad atacada.

Los gases podrían ser disparados por cañones convencionales, sin embargo, para su enorme bala erizada se requería un obús especial, proyectado para realizar un solo disparo, puesto que la enorme carga de pólvora lo destruiría al primer uso.

Cuando todo parecía perdido para los pacíficos habitantes de France-Ville, un error en los cálculos de Schultze dio al traste con sus siniestros propósitos. El cañón funcionó e hizo fuego, pero su proyectil salió disparado a una velocidad de unos 10 km/seg, jamás llegó a caer sobre su objetivo ni sobre otro punto de la Tierra, sino que permaneció gravitando a su alrededor. De esta manera tan imaginativa, Julio Verne nos contaba lo que hoy conocemos por satélite artificial.

"Todo lo que un hombre pueda imaginar, otro podrá realizarlo"
Julio Verne

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