Historia de la aviación: Roland Garros (nada que ver con el tenis)

Cuando hablamos de Roland Garros casi siempre pensamos que nos estamos refiriendo a un torneo de tenis, pero en realidad el señor Garros, aunque jugara de vez en cuando, poco tenía que ver con este deporte. El Gran Slam del tenis recibió este nombre de una manera algo diferente. Eugéne Adrien Roland Georges Garros era en realidad piloto de combate, y en el aire es donde a él le gustaba competir. Antes de la guerra Garros batió la plusmarca mundial de altura en 1912 cuando alcanzó más de 18.300 pies de altura (unos 5.600 metros) en un avión. Aunque esta altura hoy en día pueda parecer poco, por aquel entonces fue considerada una gran proeza. Los aviones con los que se volaba en 1912 eran auténticas piezas de artesanía a base de telas, tramas y urdimbre y sus pilotos no iban equipados con sistemas de presurización ni con oxígeno suplementario.

En 1913 comenzó a volar con el "veloz" (Vne 129 km/h) monoplano Morane-Saulnier y paso a la posteridad el 23 de septiembre cuando se proclamó ganador en el primer viaje sin escalas a través del mar Mediterráneo desde Frejus en el sur de Francia hasta Bizerte en Túnez. Toda esta hazaña a pesar de que el motor de su aeronave sufrió una avería en Córcega. Cuando Garros aterrizó en su destino final, lo hizo con solo 5 litros de gasolina, eso es lo que se llama ajustar mucho en cuanto a planificación de vuelo se refiere. Al año siguiente decidió alistarse en el ejército francés cuando comenzaba la Primera Guerra Mundial. En la contienda Garros obtuvo cuatro victorias y se convirtió en héroe nacional. Esa es precisamente la razón por la que bautizaran con su nombre al estadio de París y al trofeo más importante de tenis en tierra batida. Como tantas y tantas veces, el nombre tuvo poco o nada que ver con la realidad. 

Roland Garros hizo muchas otras cosas durante su corta vida. El intrépido aeronauta tiene entre otros el honor de haber sido el primero en disparar sus ametralladoras apuntando con el morro de su avión sin dañar la hélice. Antiguamente las ametralladoras iban acopladas en la parte trasera o en cualquier otra posición donde las balas no pudieran tener enfrente el disco de la hélice. Los derribos de otros aviones se hacían lateralmente precisamente para no dañar la hélice. Garros instaló unas chapas metálicas en la parte trasera de la hélice de forma que si alguna bala impactaba contra las palas, estas desviarían los proyectiles sin sufrir daños. Con el tiempo los alemanes, con Anthony Fokker, pensaron mucho sobre el tema y desarrollaron el engranaje interruptor con una serie de levas para sincronizar las armas y que estas se dispararan solo cuando la pala de la hélice hubiera pasado por delante del cañón. Disparar apuntando con el morro del avión era sin duda la forma natural e intuitiva de derribar aviones. Prueba de ello es que incluso en el modernísimo F-18 se decidió instalar el Vulcan M-61 en esta posición después de muchos años de instalaciones laterales en el fuselaje.

Garros fue derribado y hecho prisionero durante la guerra. En 1918 se escapó y se reincorporó al servicio volando un Spad. Continuó en el combate aéreo hasta que, ironías de la vida, acabó derribado y muerto por un avión alemán que disparó apuntando con el morro con el sistema de sincronización. Garros murió sin haber ganado un solo trofeo de tenis en toda su vida de aviador.

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