Cómo embarcar cuanto antes en un avión

A los que tenemos que viajar a menudo en avión siempre nos llama la atención los pifostios («Pifostio»: jaleo, lío, follón, movida, zipizape, cacao, cirio (pascual), pitote, pollo, cisco, tinglado, pelotera, la marimorena, la gorda, la de Dios es Cristo, la de San Quintín, ...y un largo etc.) que se montan a la hora de embarcar. En muchas compañías se utilizan métodos para que el embarque se realice de forma gradual y escalonada por bloques para que la maniobra se realice con la menor pérdida de tiempo, pero casi todos estos métodos suelen ser malos. Todos queremos poner nuestro equipaje en los compartimentos superiores y a veces el pasillo queda obstruido.

Hay que tener en cuenta que los "turn around" (tiempo entre vuelos consecutivos) de los aviones comerciales suele ser de unos 40 minutos. Cada minuto de más en tierra genera costes muy altos, aparte del estrés y la incomodidad de los pasajeros.


Existen diversos métodos de embarque a saber:
  • El método de los bloques o grupos. 
  • El de la pirámide invertida: los pasajeros situados junto a la ventanilla de la última fila entran los primeros, seguidos por sus vecinos del centro y los viajeros del lado del pasillo, siguiendo así la colocación de los demás viajeros, fila tras fila. 
  • El método Wilma: todos los pasajeros de las ventanillas se instalan al mismo tiempo, después los del centro y por último los del pasillo. 
  • El embarque aleatorio: sin orden ni concierto, el primero que llega se sienta. 
...y por último
  • El método Steffen, un cruce entre la pirámide invertida y Wilma, en que primero entran los pasajeros de las ventillas del lado izquierdo del avión y de las filas pares (separados unos de los otros por una fila de asientos, de esta forma todo el mundo tiene suficiente espacio para colocar su equipaje) y luego entran los pasajeros del lado derecho, los de la filas impares, los del centro, etc. 
Así lo explica Pierre Barthélémy en su libro Crónicas de ciencia improbable:

«El embarque comenzará por los pasajeros de las filas 18 a 24». Ha perdido usted en la lotería de los billetes de avión y le ha correspondido un asiento al fondo del aparato. Una vez en la cabina, se dirige hacia su lugar pero resulta que se queda bloqueado. En el pasillo central se levanta la inevitable dama cuya estatura es inferior a la circunferencia de sus caderas y que intenta, desesperadamente, meter en el compartimento del equipaje una bolsa de viaje que contiene el yunque para su primo el manitas. Como le han confiscado la palanqueta cuando ha pasado por el arco detector de metales, no puede usted abrirse camino hasta su asiento y se ve obligado a esperar o —peor aún— a ayudar a la matrona. A sus espaldas se acumulan los pasajeros, la dama acaba embutiéndose en el asiento del centro y, en ese momento, advierte usted que, en teoría, debe ocupar el asiento contiguo, el de la ventanilla. En vez de pensar en cargarse a la pobre mujer, debería dirigir su enojo contra quien inventó el embarque por bloques. Al menos eso se deduce de un experimento realizado por el estadounidense Jason Steffen, publicada en agosto por la web arXiv y ofrecida al Journal of Air Transport Management. Astrofísico en el célebre Fermilab, Steffen parece haber soñado toda su vida con ser una azafata aérea pues, desde 2008, en sus horas muertas, se apasiona por el problema de cómo llenar los aviones, hasta el punto de haber inventado una técnica de embarque que ha comparado con las que utilizan las compañías aéreas. Para ello, se sirvió de una carlinga de avión empleada como estudio para rodar películas en Hollywood. Doce hileras de seis asientos por un lado y 72 voluntarios sin armas pero con equipaje por el otro.

Cinco juegos de billetes distribuidos entre los pseudo-pasajeros para poner a prueba cinco tipos de embarque: el método de los bloques; el de la pirámide invertida, en el que los pasajeros situados junto a la ventanilla de la última fila entran los primeros, seguidos por sus vecinos del centro y por los viajeros del lado del pasillo, prosiguiendo así la colocación de los cuerpos, fila tras fila; el método Wilma, en el que todos los pasajeros de las ventanillas se instalan al mismo tiempo, precediendo a los del centro y a los del pasillo; el embarque sin orden alguno; y el método Steffen, un cruce entre la pirámide invertida y Wilma, en el que primero entran los pasajeros de las ventanillas del lado izquierdo del avión y de las filas pares —separados unos de los otros por una fila de asientos, todos tienen suficiente espacio para colocar su equipaje— y luego entran los pasajeros del lado derecho, los de las filas impares, los del centro, etc. El objetivo es limitar al máximo las interferencias entre seres humanos.

El cronómetro habló. La estrategia de bloques que emplean la mayoría de las compañías aéreas es, evidentemente, la más lenta. Hasta el embarque al azar es más eficaz. Por lo que se refiere al método Steffen, se demuestra el más rápido, incluso añadiendo el tiempo de clasificación de los viajeros en la sala de embarque. En un pequeño avión de setenta y dos plazas, permite ganar tres minutos y dieciséis segundos respecto a los bloques. ¿Y todo ello para qué? El resultado no es tan irrisorio. En 2010, treinta millones de vuelos comerciales surcaron los cielos. Sabiendo que un minuto de más en el suelo cuesta treinta dólares por avión, esos tres minutos y dieciséis segundos representan, al cabo de un año, casi tres mil millones de dólares.



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