El rugido del «Morlaco»: La fascinante historia del North American T-6 Texan en el Ejército del Aire español
En España, donde fue bautizado cariñosamente por las tripulaciones y mecánicos con el respetuoso apodo de «el Morlaco» (y también conocido como «el Abuelo» en las unidades insulares), el Texan protagonizó una peripecia histórica inolvidable durante 28 años de servicio ininterrumpido (1954-1982). Fue el avión que revolucionó la enseñanza militar tras la penuria de la posguerra y, simultáneamente, la principal baza de ataque del Ejército del Aire en los áridos escenarios del África Occidental Española.
A continuación, repasamos la trayectoria completa de este icono aeronáutico en la aviación militar española.
1. Génesis e ingeniería aeroespacial: De Dundalk al rugido supersónico del motor Wasp
El linaje técnico del Texan se remonta al prototipo NA-16, desarrollado en abril de 1935 en los talleres que la compañía North American Aviation poseía en Dundalk, Maryland. Aquel diseño inicial de ala baja cantilever y tren fijo evolucionó en 1937 hacia el prototipo NA-26, el cual introdujo las señas de identidad definitivas de la saga: un tren de aterrizaje retráctil por accionamiento hidráulico, flaps de intradós divididos (split flaps) y una planta motora radial de gran potencia.
La arquitectura del T-6 destacaba por su concepción híbrida y su probada solidez estructural:
- Sección delantera del fuselaje: Formada por una celosía espacial tridimensional de tubos de acero al cromo-molibdeno SAE 4130 soldados, cubierta por paneles metálicos desmontables para facilitar el acceso a la mecánica y los sistemas.
- Sección trasera del fuselaje: Estructura semimonocasco de revestimiento resistente fabricada en aleación de aluminio Alclad 2024-T3.
- Ingeniería alar: Un plano central recto de dos largueros y dos semialas exteriores trapezoidales con un diedro positivo de 5° 41' y una torsión aerodinámica (washout) de 2° para prevenir la pérdida de sustentación en las puntas. En el encastre empleaba un perfil NACA 2215, evolucionando hacia un NACA 4412 en los extremos alares.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la enorme demanda obligó a abrir la gigantesca planta de Dallas, Texas (de donde derivó el bautismo oficial de Texan). En 1941, ante el riesgo de escasez de duraluminio, la variante AT-6C / NA-88 sustituyó el aluminio por contrachapado y acero soldado por puntos, ahorrando 565 kg de material estratégico por célula. Tras la contienda, entre 1949 y 1953, más de 2.000 células fueron reconstruidas a cero horas bajo el estándar T-6G, incorporando cúpulas simplificadas de cuatro marcos, ergonómica renovada, depósitos alares ampliados a 140 galones, rueda de cola orientable tipo P-51 y un circuito eléctrico estandarizado de 24 voltios.
2. La llegada a España: El Acuerdo de 1953 y la revolución de Matacán
A comienzos de la década de 1950, las escuelas del Ejército del Aire sobrevivían utilizando como avión de transformación el limitado Hispano Aviación HS-42, un modelo nacional de escasas prestaciones y complejas características de vuelo.
La firma de los Acuerdos de Amistad y Cooperación con los Estados Unidos en 1953 (canalizados militarmente mediante el programa MDAP y gestionados por el JUSMAAG) abrió la puerta a la modernización de la enseñanza aérea militar.
El proceso de incorporación en España se dividió en varias fases clave:
- El primer bloque del MDAP (1954-1955): Llegada marítima al puerto de Santander de los primeros 60 ejemplares T-6D, transportados a bordo del buque Private Leonard C. Brostrom, el portaviones utilitario Tripoli y el carguero Greenville Victory.
- Puesta a punto en Parayas: Los aviones, protegidos durante la travesía atlántica por una gruesa capa de poliuretano, fueron desencapsulados y puestos a punto en el aeropuerto de Parayas por mecánicos de Matacán antes de volar hacia Salamanca. Fue en uno de estos primeros vuelos de traslado (el 27 de julio de 1954) cuando los capitanes Szenegeto y Tizón sufrieron sendos toques de atención al tener que realizar aterrizajes de emergencia fuera de campo en Zamora por agotamiento de combustible, al asumir erróneamente que el T-6D poseía la autonomía de 5 horas de la versión canadiense Harvard Mk IV.
- Fundación de la Escuela Básica de Pilotos de Matacán (Grupo 74): Creada en la base salmantina el 27 de agosto de 1954, sus primeros instructores se habían formado previamente en la base de la USAF en Fürstenfeldbruck (Alemania). Los cursos en T-6 comenzaron el 18 de septiembre de 1954, suponiendo un salto tecnológico abismal para los alumnos.
- Llegada del lote T-6G (1957-1958): Desembarco en Santander de un segundo paquete de 60 aeronaves modernizadas T-6G, que permitieron extender la instrucción básica a la Academia General del Aire (AGA) de San Javier (Grupo 79 / 793 Escuadrón).
3. El «Morlaco» va a la guerra: La conversión en caza C.6 en Ifni y el Sáhara
El 23 de noviembre de 1957, el ataque sorpresivo de las bandas armadas del Yaich el Tahrir (Ejército de Liberación) contra el perímetro de Sidi Ifni y los puestos del Sáhara Español desencadenó una guerra no declarada. Ante la prohibición explícita del Gobierno de los Estados Unidos de emplear en territorios coloniales africanos el material cedido por el MDAP de primera línea (como los reactores F-86F Sabre), el Estado Mayor del Aire tuvo que improvisar.
Aunque los cazas Hispano Aviación HA-1112 Buchón fueron enviados al frente, su elevada velocidad y estrecho tren de aterrizaje resultaron inadecuados para el desierto. Washington concedió autorización para emplear los T-6, pero la industria nacional tuvo que realizar una acelerada reingeniería de urgencia en los talleres de AISA (Cuatro Vientos) e INTA para adaptar doce T-6D de escuela al combate real:
- Armamento de tiro: Instalación de dos ametralladoras Breda-SAFAT de 7,7 mm en los bordes de ataque alares.
- Cohetería y bombas: Soportes subalares para 12 cohetes aire-superficie suizos Pilatus / Oerlikon de 80 mm, o tejas lanzabombas ventrales INTA BL-1 para 10 bombas de fragmentación de 10 kg.
- Depósito suplementario de 175 litros: AISA diseñó un tanque de combustible auxiliar con la forma del asiento trasero, alojado en la cabina posterior tras retirar los mandos del instructor, lo que convirtió al T-6 en un avión estrictamente monoplaza con más de 4 horas y media de autonomía.
Los aviones adaptados fueron reclasificados como C.6 (o CE.6 en versión de entrenamiento armado) y destinados al recién constituido Escuadrón nº 33. Entre finales de enero y febrero de 1958, doce C.6 de ataque desplegaron en el aeródromo de El Aaiún.
Sobre el desierto sahariano, el C.6 demostró una efectividad demoledora. Su baja velocidad le permitía ejecutar picados de alta precisión contra trincheras y posiciones enemigas en Smara, Hagunia y Edchera. La solidez de su motor radial resistía los impactos de fusilería desde tierra y, a pesar de la abrasiva arena del desierto, el mantenimiento preventivo reducido a 75 horas de vuelo garantizó una disponibilidad impecable. Los C.6 volaron 559 horas de combate sin registrar una sola falla catastrófica de motor.
La versatilidad de la plataforma también se extendió al Golfo de Guinea, donde cuatro T-6D armados constituyeron la Escuadrilla Mixta nº 89 (luego 401 Escuadrilla) en el aeródromo de Santa María (Fernando Poo), patrullando la selva y las costas ecuatoriales entre 1962 y 1968.
4. Adquisiciones comerciales y la Crisis del Sáhara (1974-1975)
Para mantener la operatividad y reponer bajas, el Gobierno español acudió al mercado comercial internacional para adquirir lotes adicionales de T-6 sin restricciones diplomáticas:
- Coastal Aviation Corporation (1961): Compra de 10 unidades del modelo SNJ-5 (variante naval del T-6D) ex-US Navy, matriculados E.16-121 a 130 y destinados al Ala nº 3 de Villanubla.
- Charlotte Aircraft Corporation (1961-1962): Importación masiva de 60 aeronaves (20 ex-USAF y 40 ex-US Navy) por 15.000 dólares la unidad, transformadas y armadas en AISA como C.6-131 a C.6-190 para nutrir a Villanubla, Matacán y la Academia General del Aire.
- Armée de l'Air francesa (1962-1965): Adquisición de 11 T-6G ex-combatientes en la Guerra of Argelia (E.16-191 a E.16-201).
Con estas compras, la flota total del T-6 en el Ejército del Aire alcanzó la cifra absoluta de 201 ejemplares.
A finales de 1974, ante el incremento de la tensión geopolítica provocada por las incursiones del Frente Polisario y la inminencia de la Marcha Verde marroquí, el T-6 volvió a la primera línea de combate. Encuadrados en el 463 Escuadrón del Ala 46 con base en Gando (Gran Canaria), los C.6 mantuvieron destacamentos permanentes en El Aaiún y Villa Cisneros.
Para evitar ser detectados por la artillería antiaérea enemiga, los aviones de Gando fueron sometidos a una vistosa transformación estética: se les aplicó un camuflaje mimetizado desértico de tres tonos (manchas irregulares de marrón arena y verde oliva en el extradós, con azul claro grisáceo en el intradós). Los Texan camuflados ejecutaron más de 165 misiones de reconocimiento, escolta a los blindados de la Legión y protección durante la evacuación final del territorio en la Operación Golondrina (noviembre de 1975).
5. El retiro definitivo y el legado vivo en la FIO
A partir de 1976, la flota superviviente se concentró progresivamente en dos grandes centros de vuelo:
- El 42 Grupo de Fuerzas Aéreas (Getafe): Unidades 421 (armados C.6) y 422 (enseñanza E.16), dedicadas a vuelos de enlace, entrenamiento de mandos e instrucción instrumental.
- El 793 Escuadrón de la Academia General del Aire (San Javier): Encargado de la formación básica de los futuros oficiales del Ejército del Aire.
El agotamiento de las células tras décadas de servicio y la llegada de plataformas más modernas aceleraron su relevo generacional. La enseñanza elemental y los vuelos de enlace pasaron a las avionetas de hélice Beechcraft F-33C Bonanza (E.24A), mientras que la instrucción básica de reacción fue asumida por el flamante turborreactor de fabricación nacional CASA C-101 Aviojet (E.25).
El 30 de junio de 1982, coincidiendo con el cierre del curso académico en la AGA de San Javier, el 793 Escuadrón detuvo para siempre los motores de sus últimos T-6G. Tras 28 años de servicio y más de 650.000 horas de vuelo acumuladas, el «Morlaco» causó baja definitiva en la aviación militar española. En el recuerdo institucional queda grabado el homenaje póstumo a los 56 aviadores militares que entregaron sus vidas en acto de servicio a bordo de esta exigente máquina.
Hoy en día, además de los ejemplares preservados en pedestales de bases aéreas y en el Museo del Aire de Cuatro Vientos, el espíritu del T-6 sigue surcando los cielos españoles gracias a la Fundación Infante de Orleans (FIO). La FIO mantiene en perfecto estado de vuelo el T-6G matriculado civilmente como EC-DUN (antiguo E.16-201). Cada primer domingo de mes, durante las exhibiciones de vuelo en el aeródromo de Cuatro Vientos, el rugido supersónico de su motor Wasp vuelve a hacer retumbar el aire, recordando a todos los apasionados de la aviación la estirpe inmortal del legendario Texan.



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