viernes, 29 de enero de 2016

El móvil de mi vecino y la etiqueta en vuelo


El salto tecnológico de los móviles a los llamados smartphones ha sucedido en un corto espacio de tiempo. Hoy en día estos aparatos son minicomputadores que con su potencia de cálculo pueden hacer casi de todo. Viajar en avión sin uno de estos aparatos resulta casi inimaginable. 15 años atrás nos maravillamos al ver un teléfono que podía enlazar directamente con los Estados Unidos. Hoy en día nos sentimos incómodos si no podemos conectarnos por un momento a Internet desde nuestro terminal. 

A pesar de esto, una de las cosas que más nos molestan a todos es que se rompan las las llamadas normas de cortesía en el uso de estos aparatos. Es lo que se conoce como "smartphone etiquette" y es particularmente molesto precisamente cuando se viaja. Por supuesto esto es algo que solo hacen los demás (...modo ironía off). La razón por la cual esto nos puede molestar según los psicólogos reside en la percepción subjetiva de que nuestras zonas de confort se pueden ver seriamente amenazadas cuando viajamos. 


Cuando estamos solos, nos sentamos confortablemente en nuestro coche, escuchando nuestra música favorita. Cuando viajamos en masa, en vez de escuchar Dire Straits o Rossini, hacemos cola para pasar los arcos de seguridad del aeropuerto y soportamos a la persona que nos precede o a la que nos sigue mientras hacen llamadas a su oficina. Llamadas urgentes, líos empresariales, papeleo burocrático, negociaciones al límite, cierre de contratos, etc... y todo parece que debe de ser resuelto antes de despegar. Esta sensación es incluso a veces mucho peor que cuando se filtra la música de los auriculares de alguien que se encuentra próximo. Esto último también es una clara violación de las más elementales normas de urbanidad. La regla de oro de esto está clara para mi: nunca obligues a tu prójimo a disfrutar de la Cabalgata de la Valkirias o el Heavy Metal aunque a ti te apasionen. 

La ventaja del volar es que estos sonidos son en la mayoría de los vuelos, amortiguados por el murmullo de los motores. Sin embargo en la zona de espera antes del embarque puede llegar a ser una auténtica tortura. Esta experiencia la conocemos casi desde la invención del Walkman. Es lo que llamamos polución sonora. 

La polución visual u óptica ocurre cuando debemos soportar telefilms, películas o clips en el smartphone o la tableta del vecino. Las imágenes en movimiento llaman poderosamente la atención de nuestros cerebros y estos desvían nuestra mirada como si de un imán se tratara, haciéndonos partícipes de la secuencia completa. Es casi imposible escapar de ello cuando alguien se sienta junto a nosotros y reproduce un vídeo en sus aparato. Cuando el murmullo inentendible de unos auriculares de alguien que se sienta a tu lado te molesta, la solución más rápida (si no puede o quieres cambiar de sitio) es ponerte tus propios auriculares o si no los tienes, ponerte unos tapones de papel hechos con cualquier bolsa de papel o periódico que tengas a mano. todo con tal de bloquear el sonido infernal. Por contra, lo único que puede resolver el problema de las imágenes en movimiento del vecino es cerrar los ojos o cambiar de punto de vista perdiendo la mirada en el infinito... en cualquier caso todas estas técnicas son muy problemáticas cuando se intenta leer un libro o papeles importantes. En cualquier caso esto es lo que denominamos un incordio.

Una solución que muchos de nosotros (a los que nos gusta tanto la tecnología) seguramente hemos imaginado es que las aerolíneas ofrezcan un especie de gafas de cartón como las que se utilizan para la realidad virtual (Google por ejemplo), donde cada uno pudiera ver su smartphone sin molestar al vecino.




Con todo, lo que más molesta (más que los incordios visuales y sonoros) en las normas de urbanismo y etiqueta tecnológica y con respecto a los smartphones es  el hecho de que alguien que está manteniendo una conversación con nosotros se ponga a pasar páginas o teclear y deslizar pestañas en su móvil mientas les hablamos. En los países de lengua anglosajona se ha inventado una nueva palabra para esto, le dicen "phubbing". Este vocablo describe lo anterior mezclando las palabras "phone" y "snubbing" (molestar pero en sentido obsceno). Snubbing entonces sería algo así como "joder" al prójimo con el telefonillo o "dar por culo" intensamente con el móvil. Muy gráfico, pero ya se sabe que los anglosajones para esto son muy prácticos y con una sola palabra lo dicen todo. 


Un "phubber" demuestra una gran falta de respeto por su interlocutor. Le ofende constantemente prestando atención a su móvil. Interactúa con el aparato haciendo como que nos escucha, pero en realidad nos da la sensación  de ser ninguneados. Esta es la razón por la cual hoy en día aparecen más y más bares y restaurantes donde se les pide encarecidamente a los usuarios que por favor se limiten y no usen estos aparatos dentro del local.  De momento no se puede telefonear a placer en los aviones (todo llegará), pero lo que está claro es que el asunto es cuestión de buen gusto. Menos es más.










2 comentarios:

  1. Escena en el comedor de mi empresa, seis "compañeros" a la mesa, cinco mirando atentamente cada uno su móvil y el sexto, sólo, en silencio y con cara de asco... te lo juro por la cobertura de mi aifon ;-)

    ResponderEliminar