Juegos de guerra: misiles contra bombarderos

Siendo un crío, allá por 1973, me gustaba trastear en el despacho de mi padre y ver los papeles que preparaba para dar sus clases. No entendía nada, pero un día me encontré con un manuscrito que se titulaba "Teoría de juegos". Tenía un montón de gráficos extraños y cuadrículas.

A menudo escuchaba eso de "Manolito, hijo, ve a jugar por ahí y no me desordenes los papeles". Pero ese día yo le pregunté a mi padre si se trataba de algo divertido y al ver un brillo especial en mis ojos, me explicó que era una teoría muy seria y muy compleja. "Para niños mayores" me dijo, con un punto de ternura.

Al verme tan interesado me dejó que me quedara en su despacho y según reordenaba sus papeles empezó a contar cosas de un tal "von Newman" y del dilema del prisionero y también de cómo se podía usar esta teoría para ganar una partida o incluso para plantear una batalla. Aquello me dejó con la boca abierta. Me llamó mucho la atención y diez años más tarde fui a ver la famosa película. Más adelante, cuando fui a la facultad de psicología, tuve que estudiar más en profundidad el tema y sus implicaciones a la hora de tomar decisiones.

En estrategia militar, al igual que en muchos otras actividades...

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