Dean Hess: mitad monje, mitad soldado

"Lo religioso y lo militar son los dos únicos modos enteros y serios de entender la vida". Esta frase atribuida a José Antonio creo que capta en esencia la forma de pensar de Dean Hess. Este hombre que antes de ser piloto fue predicador siempre me ha llamado la atención. Parece ser que Hess fue una persona con una rica, pero angustiada, vida interior. Pienso que su vida está llena de contradicciones aparentes, aunque por otra parte es precisamente por esas contradicciones y no por las congruencias, por las que podemos llegar a conocer mejor a una persona. Su historia es cuando menos curiosa.

Hess sintió la llamada del Señor muy pronto. A los 16 años, como un joven ministro de la Iglesia de los Discípulos de Cristo, Hess dio su primer sermón. El joven pastor de Ohio, ademas era un auténtico entusiasta de la aviación y combinaba sus dos pasiones. Se dedicaba a volar una pequeña Piper Cub para desplazarse a saltos de parroquia en parroquia en el Medio Oeste y dar sus charlas. Volar en el cielo cerca de Dios y predicar su palabra. Eso estaba bien. Todo parecía fluir en la vida del joven Hess, pero después de que los japoneses atacaran Pearl Harbor, Hess que contaba entonces 24 años, sintió en lo más profundo de su ser que no podía quedarse de brazos cruzados.

Creyó honestamente en su fuero interno que debía de hacer algo por su país. Los venerables ancianos de la iglesia no podían creer lo que oían. Pero Hess argumentó: "Si creemos que nuestra causa es justa y necesaria, ¿cómo puedo pedirle a otras personas que la defiendan, y yo mientras mantenerme al margen del sangriento desastre de la guerra?". Después de meditarlo mucho, Hess decidió entonces tomar parte activa en el conflicto y se alistó en el Programa de Cadetes de Aviación. He aquí el primer contrasentido. Si bien el patriotismo norteamericano es loable (ya quisiéramos aquí en España), no parece que se pueda armonizar una vida dedicada a Dios y a la milicia, a no ser que te alistes para asistir a los soldados sin combatir, como hace la figura del capellán castrense, también conocido como "Páter" en cualquier ejército occidental.

Después de alistarse y recibir el entrenamiento adecuado, Hess fue enviado a Francia en 1944 y después del desembarco de Normandía voló 63 misiones de combate en su bombardero P-47 Thunderbolt. Eran misiones de combate reales. No me imagino como debió de ser la lucha interior de este piloto, intentando cumplir con su deber para con su país, pero a la vez intentando estar en paz consigo mismo y con Dios. En una de esas misiones, según escribió en su autobiografía "Battle Hymn", estaba ametrallando las instalaciones ferroviarias en Kaiserslautern, Alemania, cuando decidió soltar sus bombas de 1.000 libras para destruir la infraestructura completamente. Una de las bombas se soltó a destiempo y Hess vio con preocupación desde su carlinga como esta sobrepasaba su objetivo y caía en un edificio de ladrillo cercano. Vio perfectamente como la bomba penetraba en una pared y segundos más tarde el edificio se venía abajo después de una gran explosión.

Algún tiempo después, con la ciudad rendida y ya conduciendo un jeep por Kaiserslautern, descubrió que los escombros ennegrecidos del edificio destruido por su bomba habían sido un orfanato y una escuela para cientos de niños alemanes. Había matado a 37 niños. En ese momento, horrorizado y desgarrado no acertaba a entender los caprichos del destino. Al mirar y tocar el montón de escombros con manos temblorosas se preguntaba si debajo de las pilas de ladrillos todavía habría algún cuerpo de alguno de los pequeñines aún por descubrir. Con ese pensamiento recurrente miró al cielo y las lagrimas afloraron desconsoladamente. Su alma contrita se estremeció preguntando al Todopoderoso por qué. Al acabar la guerra y quizás como resultado del desgraciado suceso, Hess se dedicó a estudiar historia europea en la Universidad de Ohio. Se encontraba preparando su tesis Doctoral en 1948, cuando El Departamento de Defensa le llamó para que se reincorporara a la Fuerza Aérea. En aquel entonces la rama de aviación del Ejército ya se había escindido y se había creado la USAF o Ejército del Aire de norteamericano.  

Hess fue enviado esta vez como Coronel a Corea, con el fin de entrenar a la naciente Fuerza Aérea de Corea del Sur. El morro de su avión llevaba pintado en coreano su lema: "Por Fe vuelo". Aunque trató de evitarlo, Hess tuvo que volver a combatir en aquella contienda. Durante su estancia en Corea como Jefe de la Base de entrenamiento tuvo varias crisis o tormentas interiores. Formar nuevos pilotos de combate estaba bien y esa era su misión, pero también quiso realizar otra misión más personal. Asistir en lo posible a los niños coreanos desamparados. Vio como cientos de ellos llegaban a las inmediaciones de la base ateridos de frió y hambrientos. 

Muchos de ellos morirían. Hess gestionó la intendencia de la base de forma que los pequeños de los alrededores no pasaran hambre. En algún momento de la campaña coreana, aún conmovido por su bombardeo al orfanato alemán, el Coronel Hess finalmente entiende que debe de dejar de martirizarse. Hess toma una decisión, no solo se trata de adiestrar pilotos. A partir de ahora intentará salvar a todos los niños coreanos que pueda. De esta manera descubre que “al salir de sí mismo, se ha encontrado a sí mismo”. En un pensamiento muy evangélico, Hess llega a la conclusión de que mientras uno siga consumido por la culpa y aferrado a sus dudas, cerrará los ojos a la realidad de que la salvación está en realidad fuera de nosotros: “en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30). De esta forma, el Coronel Hess, el teniente coronel Russell L. Blaisdell, capellán de la base, el Sargento de personal Merle Strang y otros aviadores de la Quinta Fuerza Aérea junto con varios trabajadores sociales coreanos comenzaron una misión muy personal. Iniciaron lo que se ha venido en llamar Operation Kiddy Car (algo así como cochecito de bebé). Esta misión personal e inicialmente extraoficial ayudó a rescatar a cientos de niños coreanos en peligro por las tropas comunistas. 


Los militares estadounidenses reunieron a los huérfanos en Seúl, les encontraron refugio y atención médica, y recaudaron contribuciones para comprar comida, ropa y reparar el refugio. Debido al avance imparable de los comunistas, los pequeños se encontraban en peligro y Hess decidió requisar 16 transportes C-54 para organizar una evacuaron de los niños trasladándolos de Incheon a Jeju, una isla frente a la costa sur de Corea donde el coronel Hess ayudó a establecer un orfanato permanente.


El presidente Syngman Rhee de Corea del Sur otorgó a Hess una medalla en 1951. El coronel Hess escribió en 1956 un libro muy emotivo sobre esta operación. El director de cine Douglas Sirk llevó a la gran pantalla (con poca fortuna) la vida de Hess en la película de 1957 del mismo nombre "Himno de Batalla", donde Hess fue interpretado por Rock Hudson. Hess donó más tarde las ganancias del libro y la película para apoyar un segundo orfanato cerca de Seúl y adoptó a una niña coreana de 5 años en 1960. Hess se retiró de la Fuerza Aérea en 1969. Más tarde enseñó economía, historia y psicología en la escuela secundaria en Ohio. Nunca regresó al ministerio. En 2015 Hess murió en su casa de Huber Heights, Ohio, con 97 años.

¿Fue la operación Kiddy Car una expiación por su bombardeo accidental? Hess trató de negarlo y también trató de justificar muchas veces el hecho de que sabía que tendría que matar al volar en misiones de guerra. Desconozco sus verdaderos pensamientos, pero a mi me gusta quedarme con el que dice "El vuelo me trajo muchas veces más cerca de Dios".

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