Aquellos chalados en sus locos cacharros (...los de verdad, no la película)

Desde siempre el hombre ha envidiado el grácil vuelo de los pájaros. Nos empezamos preguntando cómo sería, por un momento, poder volar libre como ellos. Nació la idea, pero aunque al principio fue un imposible, la voluntad existía, ...y como dice el viejo aforismo anglosajón: "Where there's a will, there's a way" o "querer es poder", que diríamos por aquí. De esta forma, los martillos golpearon con tesón y maestría el metal, se unieron con pegamento, telas y tablones, se trabajó la trama y la urdimbre... y de esta forma, a base de sangre, sudor, lágrimas e incontables fracasos, el hombre llegó a surcar los cielos. ¿Quién puede culpar a los soñadores, visionarios, genios y locos que intentaron (y todavía intentan) desarrollar máquinas para llevar al hombre más allá, más rápido y más lejos de la tierra?

Siempre que los avances tecnológicos lo hicieran teóricamente posible, ellos intentarían volar por cualquier medio, usando máquinas y dispositivos disparatados, imaginativos, de todas las formas y tamaños, con toda clase de mecanismos. Los inventores más atrevidos incluso arriesgarían sus propias vidas al experimentar con acoplar y atar a su cuerpo enormes alas como las de los pájaros y saltar desde acantilados o torres.

Finalmente, las mentes y los esfuerzos de grandes ingenieros darían con la solución para poder superar el efecto del tirón gravitatorio. Primero los globos llevarían al hombre a gran altura. Vagando por los cielos a merced de los vientos se descubrió una vista maravillosa. Pero no era suficiente. El hombre quiso ser capaz de controlar la dirección, ir más rápido, y una vez dado el primer paso nos pareció que podríamos ir mucho más allá. Forzamos los límites, pues la idea de dominar el cielo es como cualquier otro impulso natural. Algo inherente a la naturaleza humana, algo que no descansa y que continuará dentro de nosotros hasta ser logrado. 


De esa forma empujamos cada límite y solventamos cada problema hasta que por fin se inventó el avión propulsado, luego vino el reactor, luego llegó el cohete y ahora, ya tenemos hombres en la Estación Espacial Internacional de forma permanente. Soñamos ya con viajes espaciales de vacaciones e incluso tenemos empresas y personas dispuestas a arriesgar sus vidas para viajar lejos de la tierra para iniciar colonias en Marte. ¿Qué nos impulsa a seguir? ¿dónde nos llevará esta locura? La respuesta quizás nos la dió Buzz Lightyear... "Hasta el infinito y más allá".


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