El rincón de Pablo: Brétigny

A raíz de un relato corto (La maldición de los Alcázar), Pablo ha esbozado unas pinceladas de lo que podría haber sucedido en la vida del jóven aviador español... Le estoy tratando de convencer para hacer a medias la novela completa :) 

Brétigny, 4 de marzo de 1954.

“¡Bang!”

Toda la base retumbó con el estampido sónico, pero para entonces ya nadie se sorprendía, ya estaban acostumbrados; a fin de cuentas, era una base secreta en la que se dedicaban a romper la barrera del sonido con cierta regularidad para comprender los arcanos del recién descubierto vuelo supersónico. El causante del estruendo, un plateado MD 452 Mystère II de alas aflechadas, saliendo del picado con el que había causado el estruendo, hizo un grácil loop y se dirigó a la pista. Allí, en su cabecera, sacó los aerofrenos, bajó los flaps y el tren y efecutó un aterrizaje perfecto. Ya sobre la pista, carreteando con el motor al ralentí, se dirigó a un pequeño grupo de personas que le esperaban en la zona de parking.

Junto a los mecánicos y al personal de pista, destacabn dos figuras: una, enfundada en un oscuro abrigo negro que le llegaba casi hasta los pies y tocada con un sombrero también negro de alas anchas, ofrecía una estampa extraña en medio de aquel entorno; la otra figura, con su mono de vuelo y su cazadora de cuero, era, indudablemente, un piloto.

Nada más se aplicaron los frenos, y apenas se abrió la cúpula de plexiglás, aún antes de que los mecánicos acercaran la escalerilla para que el tripulante del caza pudiera bajar, la figura de negro se acercó y dijo:

Felicidades, Monsieur Alcázar ¿qué se siente siendo el primer español en romper la barrera del sonido?

La otra figura, el piloto, unos pasos más atrás, sonriendo, le saludó con la mano.


Alrededores de Vítebsk, abril de 1942.

El Henschel 123 se estremeció al efecuar aquel giro tan brusco y , aunque era un avión duro, no estaba concebido para ese tipo de vuelo. Al final, pensó Julián, había sido una mala idea pedir prestado el “Angelito” a los alemanes para rememorar sus tiempos de la Guerra Civil haciendo misiones de apoyo cercano. La cosa se complicaba por momentos, se le acababan todos los trucos que le quedaban en la chistera, no podía volar más bajo ni más lento sin comerse los árboles de aquel bosque inmenso , y el maldito Lagg-3 no se despegaba de su cola; y lo peor, no era un piloto del montón, en uno de los giros le había parecido ver en el fuselaje del caza ruso la insigina de una escuadrilla de la Guardia. Decididamente, la cosa pintaba mal.


Arévalo, octubre de 1934.

El padre de Julián, don José, ya había salido de la barraca de la vieja bruja y ,cuando Julian se disponía a hacerlo, ésta, cogiéndole del brazo con una fuerza impropia de su edad, le djio

—Espera, zagal, que te quiero decir algo.
—Julián, sorprendido, le dijo
—Pero, señora ¿qué quiere? ¿Acaso no le he pedido disculpas?
—No tengas tanta prisa, niño, que aún te quería decir algo más; a pesar del susto que diste con tu máquina infernal me has caído bién, y te voy a leer la mano.
—¿eso no lo hacen las gitanas? -dijo Julián.
—Calla tonto, y déjame la mano- le replicó.
La vieja bruja tomó la mano de Julián, la examinó un momento, y le dijo:
—Vas a sufrir mucho, pero también vas a disfrutar mucho, irás de aquí par a allá y,…espera, qué línea más rara tienes, dice que correrás mucho, muchísimo, el que más, pero…, hmmm, no lo sabrá nadie.

“Vaya tontería”, pensó Julián, pero como ya había tenido bastante con el lío del avión y del trigo pensó que no era cuestión de volver a enfadar a la vieja, así que, despidiéndose de ella, salió, por fin, de la cabaña. “¿Vienes, Julián?” Exclamó su padre desde el camino.” Ya voy”, le contestó. Entonces se levantó un viento frío, gélido, que estremeció a Julián. “Malos augurios”, se dijo para sí mismo, pero, enseguida, riéndose por cómo se había dejado llevar por la atmósfera de misterio de la bruja, se olvidó de aquel pensamiento y se unió a su padre.

Alrededores de Vítebsk, abril de 1942.

Aquello era el fin. No entendía cómo el ruso no acababa con aquello de una vez, parecía que se estaba regodeando de la situación de Julián retrasando el golpe final, lo cual le dio tiempo para acordarse, en un último pensamiento, de su padre y de su hermano Mariano, de la noche negra en la que se los llevaron, de su madre y de hermana, y sobre todo de…Julia, no la volvería a ver más. Vio las trazadoras que le rodeaban, de un momento a otro todo habría acabado, pero en ese instante, alzó la vista. Saliendo desde el sol, en una manionbra clásica de la caza, un Messerschmitt se abalanzó sobre el Lagg y con unos disparos certeros de su cañón de MG-FF/M de 20 milímetros pulverizó al ruso, que desapereció en medio de una bola de fuego. Apenas repuesto de la impresión, Julián pudo ver cómo el caza victorioso le alcanzaba, y poniéndose a su lado, movía las alas en señal amistosa. Pudo distinguir las marcas del avión y al piloto en su cabina ¡Era Demetrio!

Los dos aviones aterrizaron al poco tiempo en la base de Vitebsk, y apenas se detuvo el avión, Julián bajó de él, y se dirigió a todo correr hacia el Meser que había parado a unos metros. Alcanzó a su piloto, que también había bajado ya de su aparato y se dirigía al barracón, y dándole un fuerte abarzo le dijo:

—¡Te debo una grande, muy grande, Demetrio!

Brétigny, 4 de marzo de 1954.

—Que no, Julián, que no- dijo Demetrio muy enfadado.
—Pues va aser así, Demetrio, hablaré con Dassault si hace falta; cuando se me mete algo en la cabeza no paro hasta conseguirlo.
—Ya lo decía Joaquín, que eras más terco que una mula.
—Deja al pobre Joaquín en paz, tú sabes que lo voy a hacer.


El resultado de esta discusión, que tuvo lugar en el club de oficiales de la Base de Brétigny la noche del 4 de marzo de 1954, la encontraréis en los libros de historia.

Comentarios

  1. En serio. Si después de ponernos los dientes largos no acabáis el libro me voy a buscaros a Zurich o donde fuere y la vamos a tener.
    Estas cosas no se hacen...
    Publicar un novelicus avionae interruptus.
    Mal, muy mal

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    1. Jajaja :D no te preocupes Daniel, que yo creo que habrá novela. Hoy precisamente acabo de escribir una nota de como Julián Alcázar conoce al As alemán Werner Mölder en España.

      Eran alrededor de las nueve de la mañana del 19 de junio de 1937 cuando el capitán de la Aviación Nacional Julián Alcázar, de veintisiete años, activó la magneto de su Fiat C.R.32 y oyó el rugrido del motor Fiat A.30 de doce cilindros al ponerse en marcha. Seguidamente, aquel hombre bien parecido, de buena altura, ojos profundos, pelo oscuro peinado hacia atrás y labios delgados, rodó por la pista de hierba del aeródromo, y pocos minutos después despegaba con sus compañeros pilotos de la Patrulla Azul, unidad muy conocida por los pilotos del bando nacional por haber sido creada por García Morato y llevar el famoso emblema “vista suerte y a al toro”.

      Julián era un ferviente católico. Su hermano era sacerdote y siempre habían estado muy unidos. Muchos compañeros de Julián sabían que su hermano había sido hecho prisionero y muy posiblemente fuese asesinado, como tantos otros. Julián no perdía la esperanza de poder volver a ver con vida a su querido hermano y hablaba abiertamente de su fe y de la represión practicada por el bando contrario contra la Iglesia católica. Debido a su destreza para derribar aviones enemigos; el propio García Morato lo tenía considerado su mejor piloto y hombre de confianza.

      Julián también era profundamente respetado por los demás pilotos. Lo valoraban como un brillante estratega que había propuesto nuevas ideas para poner en práctica con los aviones de combate de nueva generación, como los Messerschmitt Me-109 recién llegados de Alemania. Estos cazas eran más pesados, pero también mucho más potentes, maniobreros y sofisticados. Los conocimientos sobre ingeniería de Julián le ayudaron a comprender muy pronto la relación energía/maniobra. Con estos conocimientos aplicados al nuevo caza creía haber encontrado la forma de incrementar la efectividad y, por tanto, el índice de aviones derribados, al mismo tiempo que hacía más difícil que las fuerzas aéreas enemigas los abatieran a ellos.

      Al volver de su misión, se dirigió a la oficina de operaciones donde le esperaba García Morato y un capitán de la Luftwaffe recién llegado. Se trataba del mismísimo Werner Mölders, que enseguida trabó amistad con nuestro protagonista. 

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    2. —Encantado de conocerle capitán Mölders —dijo Julián estrechando la mano del oficial alemán.
      —Es un placer capitán Alcázar —correspondió educadamente el aviador extranjero—. Me han dicho que es usted el ideólogo de las nuevas tácticas de la escuadrilla.
      —Es usted muy amable, pero solo ayudo a mi comandante a poner en práctica algunas ideas. 
      —¿Sabe? Creo que usted y yo tenemos muchas cosas en común, no solo tenemos la misma edad, yo también estudio nuevas tácticas de combate. Además, me han dicho que tienen usted un hermano sacerdote…
      —Sí. Es cierto.
      —Bueno, pues he de decirle que mi hermana es monja y, como usted, a mí no me molesta hablar públicamente de mi Fe.
      —¡Vaya! —exclamó Julián con sorpresa—. Al fin encuentro a alguien que no se esconde. Estaré encantado de poder volar junto a usted.
      —…pero por favor tuteémonos. 
      —De acuerdo, pero vas a ser mi superior, ¿cómo debo tratarte?
      —Puedes llámame «VatI» (Papaíto) Mölders si lo deseeas, así es como me conocen mis jóvenes pilotos.

      En efecto, Mölders tenía fama de tener la mejor vista de la Luftwaffe. Podía divisar un avión enemigo varios segundos antes que sus propios pilotos de flanco, todos los cuales poseían muy buena vista. Julián trabó amistad rápidamente con el As alemán. Durante muchas jornadas trabajaron juntos y de esa manera Julián pudo conocer mejor al hombre detrás del mito. Se enteró que increíblemente, su nuevo amigo sufría cada vez que se metía en la cabina, pues tenía que vencer su única debilidad: un terrible miedo a las alturas. Otras de las cosas que resultaba sumamente enigmática era el hecho de que, a diferencia de muchos de los demás ases, Mölders no disfrutaba viendo caer a tierra a sus víctimas. Esto le convertía a ojos de Julián en todo un caballero.

      Cuando Julián comenzó a volar el Messerschmitt Me-109 descubrió otro mundo. El caza alemán era una máquina superior, muy por encima de su querido Chirri. Aquella mañana, ambos pilotos salieron a volar en formación sobre el Jarama. El mosaico de terrenos agrícolas del norte de la capital ya era visible muy abajo. Mölders y Julián aceleraron sus Me-109 y comprobaron que su escuadrilla de cuatro aviones, formada por dos parejas, volara como había ordenado, con una separación de unos doscientos metros y el piloto de flanco de cada pareja protegiendo la cola de la escuadrilla, Mólders, llevaba una chaqueta de vuelo con el cuello de piel, un regalo de García Morato y del resto de pilotos de la escuadrilla. Pocos minutos después, Mölders volaba delante de su piloto de flanco por los cielos despejados.

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  2. Voy a serte sincero. He empezado a leerlo y he preferido parar.
    Por qué?
    imagina que te encuentras a Scarlett Johansson y te dice que le toques una pierna. después te dice que subas un poco.
    y tú sabes que se va a quedar ahí.
    Me entiendes, no?
    Pues eso. Que prefiero no empezar hasta que sepa que hay happy end. Me refiero al libro, claro.
    También te digo que no sé si voy a poder aguantar, que en el fondo soy un tío débil.

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    1. Jajaja Entiendo Daniel. Pero no te preocupes, solo estamos en pre-producción :) Cuando lo tengamos armado y concluido lo anunciaremos a tutiplén :)

      Lo que si te puedo decir es que Acordes para un lamento, la primera novela completa del comandante del Ejército del Aire Félix Brun-Hoffman, está casi lista en la editorial Bubok. Es un tecno-thriller trepidante que espero sea de tu agrado. Seguramente saldrá la semana que viene... ahí lo dejo ;)

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  3. Vale. Lo apunto. Avisa que esa me la compro el día uno.
    Gracias, Manolo

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