Reseña de libros: El avión rojo de combate

«Cayó desde tres mil metros de altura con una bala en la cabeza. Una muerte gloriosa». El Barón Rojo Entre el inicio del siglo XX y el fin de la primera guerra mundial transcurrieron los años decisivos para el desarrollo de unas máquinas tan románticas como los aeroplanos. Manfred von Richthofen, un joven e inexperto aristócrata prusiano de veintitrés años, estaba llamado a convertirse en el as de la aviación de la Gran Guerra y en un mito popular moderno: el sanguinario Barón Rojo. Richthofen y su «Circo Volador» dominarían los aires a bordo de los más letales aviones de combate, Albatros y Fokker que fueron pintados de atrevidos colores para provocar al adversario. Herido de una bala en la cabeza en julio de 1917, el Barón Rojo escribió durante sus días de reposo las crónicas que dan forma a este libro. Estas son las aventuras del más temido y respetado aviador a la caza del enemigo, en su legendario avión rojo de combate.

  • Nº de páginas: 192 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editorial: MACADAN LIBROS
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788494129711
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§. Nota del editor

Yo sé que mi destino está ya escrito
allá, entre las nubes, en lo alto.
W. B. Yeats

Cuando estalló la guerra en julio de 1914, los aviones apenas tenían diez años de existencia y los ejércitos no sabían muy bien cómo usarlos. En un primer momento los consideraron adecuados para tareas de exploración y reconocimiento, observar y fotografiar las posiciones enemigas. Luego la propia guerra hizo avanzar a pasos agigantados la primitiva tecnología de aquellos aparatos y les otorgó nuevas y letales funciones.

Entre el inicio del siglo XX y el fin de la primera guerra mundial transcurrieron unos años decisivos para su desarrollo. La producción industrial, la investigación y la ingeniería inversa hicieron avanzar mecánicas, combustibles, fuselajes, estructuras alares… Una de las innovaciones más relevantes fue el sistema de sincronización de hélice y ametralladora ideado por el constructor holandés Anthony Fokker para el avión de caza Fokker Eindecker. Los primeros aviones de combate monoplaza, los «cazas», una terminología que se iba a generalizar una vez acabada la guerra, irrumpieron en los cielos hacia 1915. Su función: perseguir y destruir al aviador enemigo.

El combate aéreo, también llamado «pelea de perros», era un terreno inexplorado en el que los pilotos fueron inventando tácticas sobre la marcha. Las hazañas de aquellos valientes muchachos que volaban en frágiles aeroplanos y disparaban sus ametralladoras, contra un rival valeroso aún inflaman hoy nuestra imaginación, pero a pesar de la fascinación que ejercen, lo cierto es que aquellas luchas tenían poco de romántico o de caballeroso: se trataba esencialmente de sorprender al enemigo por la espalda y coserlo a balazos.

En junio de 1915 un periódico francés apodó «as de la aviación» al piloto Adolphe Pégoud tras haber conseguido derribar cinco aviones alemanes. El término «as», en referencia a la primera carta de la baraja francesa, se generalizó para definir al mejor combatiente aéreo. 

Fueron ases del aire pilotos legendarios como Eddie Rickenbacker Oswald Boelcke, Albert Ball, Werner Voss, Georges Guynemer, Mick Mannock, René Fonck… Pero por encima de todos estuvo Manfred von Richthofen, el Barón Rojo.

Richthofen, un joven e inexperto capitán de caballería de veintitrés años, estaba llamado a convertirse en el as de la aviación de la Gran Guerra y en un mito popular moderno. En su figura se concentran los elementos clave que forjarían una leyenda, juventud, audacia, sentido del honor y una ruptura total con el pasado representada por su avión rojo de combate.

Suban ahora a la cabina de «le petit rouge», sientan el viento helado contra el rostro, oigan el atronador rugir de su motor de explosión interna y aspiren el penetrante olor a gasolina a tres mil metros de altura.

El Barón Rojo vuela de nuevo.

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