miércoles, 3 de febrero de 2016

Reseña de libros: Vuelo nocturno - 1930

En el post dedicado a cómo se fabrica un aerotrastornado ya hicimos mención de los libros. Algunos de ellos marcaron fuertemente la dirección de nuestra vida profesional, otros simplemente despertaron la pasión por el vuelo y la aventura de volar. Hoy hablo de uno de estos libros. Una novela. Un clásico. Exponente máximo de aventura aeronáutica, de cuando volar era más un arte que una técnica.

Vuelo nocturno (Vol de nuit en su original francés) es un relato del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry publicado en diciembre de 1930. Antoine de Saint-Exupéry nació en Lyón (Francia) 1900, y murió en acción de guerra durante un vuelo de reconocimiento en 1944. Ingreso en la aviación militar en 1921, y desde 1926 a 1934 fue piloto de líneas aéreas, realizando viajes a África y América del Sur. En el fondo de sus obras literarias se hallan sus concepciones del deber, de la predestinación fatalista y de la amistad. Sus libros constituyen una singular aportación a la literatura francesa del siglo XX. Entre sus novelas se destacan: “Tierra de los hombres”, “Correo del Sur”, “Piloto de Guerra” y “El Principito”.



El libro tuvo un gran éxito y se dice que las ventas de la novela (a día de hoy) son 6 millones de ejemplares en todo el mundo. El jurado del Premio Femina otorgó su premio en 1931 a esta obra, cuando Saint-Exupéry cumplía los treinta años. El relato es interesante en muchos aspectos, pero también es premonitorio del trágico fin de Saint-Exupéry cuando este se encontraba en una misión de reconocimiento a finales de la Segunda Guerra Mundial.


La historia del libro se desarrolla en Sudamérica. Tres pilotos, que trabajan para una compañía aérea dedicada al transporte de correo cubren distintas rutas desde Santiago de Chile, La Patagonia y Uruguay con destino a Buenos Aires. Allí otro piloto llevará este correo hacia Europa y sus respectivos destinos. La idea era competir con el comercio marítimo, que por aquellos días podía entregar el correo en Europa en un plazo de veinte días. Volar de noche era vital para que estas empresas fueran competitivas, ya que la ventaja ganada por barcos y trenes se perdía tras la caída del sol.

Una tarea compleja, ya que por aquellos años no existían más que unas pocas maneras de orientarse. Las radioayudas todavía estaban en su nacimiento y a parte de algunos radiogoniómetros o radiofaros y la propia radio de abordo (muy limitada en rango y frecuencia, además de verse afectada por el aparato eléctrico), poco más podía esperarse del exterior para navegar y orientarse. Todo se dejaba al buen hacer (...y a la suerte) de aquellos pilotos que con sus instrumentos básicos (brújula, cronómetro y altímetro) y sus dotes de orientación (navegación por las estrellas o la posición del sol) se jugaban la vida para que otros pudieran recibir su correspondencia.

La lucha contra los elementos está muy bien narrada, el ciclón del pacífico que barre la Argentina y pone en peligro la vida de estos aviadores es clave en el relato. La oscuridad de la noche que impide la referencia visual con el terreno hace que el piloto se entregue al vuelo por instrumentos (primitivos) y a la vez permite que el piloto reflexione sobre muchas cosas importantes. Allí, completamente solo en su carlinga, el aviador depende de sus dotes naturales para el vuelo y de lo que disponga el destino. Dos elementos claves para empezar a preguntarse esas cosas tan difíciles de responder que todos nos planteamos en un momento u otro de nuestra existencia.

Vuelo nocturno es un clásico atemporal que ha sido y seguirá siendo leído por muchas generaciones. Entusiastas de la aviación o simplementes amantes del género de aventuras. Es una novela con claro valor documental, ya que el propio Exupéry ayudó a fundar estas líneas postales volando las mismas rutas. Una obra de las que sin duda pasarán a formar parte de la biblioteca esencial de cualquier aerotrastornado. 

Este modelo de los años treinta era el típico avión de reparto del correo aéreo
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Actualización (19-09-2016).
 
Enlaces del comentario hecho más abajo:



2 comentarios:

  1. Leí ese libro hace varios años y me cautivó. Hace poco tuve entre mis manos la Crónica de la Aeronáutica Española 1917-1939 patrocinada por EADS-CASA. Días mas tarde encontré, en una librería de libros viejos, unas memorias de MERMOZ. Desconocía quien era dicho personaje. Leer, y empezar a cruzar datos y referencias, triangular los tres textos me está resultando una fascinante aventura al sentir como en la mente se entrecruzan los elementos y ponen cara y ojos a esos recuerdos de episodios leídos. La historia no son cuentos. La escriben gentes que son , fueron y serán de carne y hueso. Pero para contar una buena historia tiene que haber buenas vivencias, cosas que contar, aventuras que explicar y mostrarlas , no ta sólo decirlas. Uno tiene que sentir la lluvia y el granizo en la cara; las fauces llenas de arena y de sal, el olor del aceite y el sabor de la sal, del sudor y del miedo. Y recuperar sus historias, tantas veces heróicas, muchas veces olvidadas, las siento como las sensaciones de un becario de un sesudo arqueólogo que, por casualidad, encuentra la veta que le llevaría a desconocidos tesoros. Recuperar esas sensaciones y poder ponernos en los zapatos y la piel de quienes las vivieron resulta emocionante. Ver, por poner unos ejemplos, la fachada del actual Hotel Havana de Barcelona tiene ahora otro valor nuevo. Imaginar las sensaciones de un piloto en francés en Palmira, Siria, ahora que dicho enclave tiene otros protagonistas, resulta más que curioso. Saber el origen de los Latécotère es empezar a conocer tanto la prehistoria de la industria aeronáutica europea como el nacimiento de las líneas comerciales. Hojear fotografías aéreas del desierto sobre El Río de Oro, Jubi, o imaginarse el rescate de unos pilotos Uruguayos frente a Sidi Ifni resulta muchísimo más que curioso y una aliciente para aprender más de nuestra propia historia; como se resolvió la primera travesía transversal de los Andes, o imaginarse despegues imposibles que fueron reales, leyendo como se llevaron a cabo puede ser mejor que ver una película de acción. Leer quizás no nos hace más sabios, pero ayuda. Lo que si es que es seguro es que leer buenos libros alimenta el alma. Y éste, sencillo, es uno de ellos. Gracias por comentarlo, "maestro" volador y, encima , asturiano.

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    1. Estimado Tiningo, muchas gracias por tu estupendo comentario. Me ha llenado de satisfacción ver a otro "volador" perdidamente enamorado de la aviación. Está claro que, por como cuentas las cosas, un aviador nace y no se hace. Solo quien siente, como tu, esas sensaciones que describen los libros es un verdadero aviador (se vuele o no se vuele).

      Como también haces referencia a la historia y las hazañas de Jean Mermoz y su "hidro" Cruz del Sur, y como veo que te apasiona la historia como a mi, te paso dos enlaces que podrían ser de tu interés. Quizás ya los conozcas. En el primer enlace tienes la prestigiosa revista de Aeronáutica del ejercito del Aire, siempre con artículos muy interesantes y con sus secciones dedicadas a la historia militar aeronáutica:

      http://www.ejercitodelaire.mde.es/ea/pag?idDoc=3D03B48302C0B3C7C12575890050071A

      Creo que en este enlace puedes ver la revista Aeroplano, que es una auténtica maravilla:

      http://www.ejercitodelaire.mde.es/ea/pag?idDoc=F737794CD9B11B13C12577050034837C

      ...y aquí tienes el libro editado por el Instituto de Historia y Cultura con esta edición de esta Historia de la Aviación Española donde se recuerdan los acontecimientos y vicisitudes que han jalonado la ruta recorrida desde los inicios de nuestra aviación hasta nuestros días:

      http://www.ejercitodelaire.mde.es/ea/pag?idDoc=798A0BC5DA6589E8C1257C85002AF6C7

      Pongo también los enlaces a continuación del post para que puedan ser "pinchables".

      Un cordial saludo
      Manolo

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