sábado, 7 de noviembre de 2015

Reseñas de libros: Stalin’s Aviation Gulag: A Memoir of Andrei Tupolev and the Purge Era

Hace unos días hablaba aquí de los diseñadores de aviones soviéticos y de como estos fueron sometidos a situaciones de opresión, encarcelamiento y torturas.

Para poder entender lo que representó este periodo y el por qué de muchos de los diseños de aviones soviéticos existe un libro que es especialmente ilustrativo.

Stalin’s Aviation Gulag: A Memoir of Andrei Tupolev and the Purge Era de Leonid Lvovich Kerber, editado por Von Hardesty. Smithsonian Institution Press (http://www.si.edu/sipress), 470 L’Enfant Plaza, Suite 7100, Washington, D.C. 20560, 1996, 464 pages.

En la noche del 21 de octubre de 1937, cuatro agentes de la NKVD (precursor del KGB) entraron en las oficinas de Andrei Nikolayevich Tupolev y lo arrestaron. Tupolev, figura clave en el desarrollo de la aviación soviética desde sus inicios era por en ese momento un líder mundial en el diseño de aviones, pero fue llevado a prisión inmediatamente. Esta escena se repitió miles de veces durante la era Stalin. Este hecho inició uno de los episodios más tenebrosos de la historia de la Unión Soviética. Tupolev se vió encarcelado, pero no en las celdas de las prisiones de Lefortovo o Butyrka, sino encerrado en unos talleres con otros cientos de especialistas en aviación a los que se les ordenó llevar a cabo su trabajo y seguir diseñando nuevos aviones en cautividad.


Como la mayoría de las fechorías de la NKVD, la historia de los talleres-cárceles hubiera pasado desapercibida y jamás habría visto la luz si no fuera por Leonid Kerber y su libro Stalin's Aviation Gulag. Esta fascinante historia es aún más impactante que otras muchas conocidas ya que se basa en la propia reclusión de Kerber con Tupolev y narra la relación profesional y la posterior relación personal que siguió después del cautiverio.

Stalin's Aviation Gulag relata cómo Kerber, Tupolev, y cientos de especialistas en aviación fueron detenidos y obligados a trabajar en tres talleres penitenciarios administrados por la NKVD (sharaga en ruso). Tupolev y su equipo de diseño fueron encarcelados, junto con el equipo de diseño de Petlyakov y el de Myasischev, en los edificios en los que Tupolev había trabajado antes de su detención y que más tarde se acabaría convirtiendo en su oficina de diseño. Allí, los hombres vivían y trabajaban, aislados de sus familias y se les autorizaba algún paseo por el exterior en la llamada "jaula de los monos", un recinto que formaba parte de un patio con la parte superior protegida con barras de acero. En una ocasión, cuando la aeronave de un equipo de diseño de una sharaga voló sobre la Plaza Roja en un desfile del Primero de Mayo, se les permitió a los diseñadores encarcelados salir apara poder ver los frutos de su trabajo (desde la jaula de los monos).

Kerber relata todo el sombrío panorama con historias similares: Colegas de la sharaga que desaparecen por la noche, citaciones en la sede del NKVD para interrogatorios sobre los proyectos de diseño, etc. Kerber cuenta que encontró libros con los nombres de conocidos que fueron víctimas de la purga y que aparecieron en la biblioteca de la prisión donde fueron forzados a trabajar en condiciones miserables. Tupolev, Kerber, y la mayor parte de su equipo de diseño de alguna manera sobrevivió al cautiverio e incluso durante el mismo logró diseñar y hacer volar algún avión notable, como el bombardero TU-2. Kerber relata que más tarde, ya en 1943, fueron puestos en libertad tan abruptamente como habían sido arrestados..

Al igual que millones de otros arrastrados por las purgas de Stalin, los internos de la sharaga habían sido arrestados bajo cargos falsos. Kerber no relata con detalle la cuestión de por qué los internos de la sharaga fueron detenidos, simplemente apunta que la inmensa mayoría fueron hechos prisioneros bajo acusaciones falsas. En el caso de Tupolev se cuenta que fue acusado de vender diseños de aviones soviéticos a Alemania. En realidad, algunos discos encontrados en 1997 a partir de antiguos archivos digitalizados de la KGB muestran que los cargos contra Tupolev fueron incluso más graves. Los documentos indican que en 1940, tres años después de su detención, Tupolev fue declarado culpable por el Tribunal Militar de la Corte Suprema soviética de "haber dirigido una organización antisoviética dañina dentro de la industria de aviación Soviética y, personalmente a través de sus agentes, realizar sabotaje con el objetivo de debilitar las capacidades de defensa de la Unión Soviética. Además, se acusaba a Tupolev de haber sido agente de la inteligencia francesa desde 1924 y de haber entregado secretos soviéticos a la inteligencia francesa ".

Kerber subraya lo absurdo de la detención de Tupolev y el capricho y la crueldad del régimen que creó los talleres penitenciarios mediante el establecimiento de las sharagas dentro del contexto completo de la vida de Tupolev. A pesar de su título, el libro de Kerber en realidad es más una biografía de Tupolev que una historia del Gulag. Kerber relata el papel central de Tupolev en la aviación soviética antes y después de su encarcelamiento, empezando por su esfuerzo para establecer el Instituto Aerohidrodinámico central (TsAGI) que sería el lugar pionero de investigación y desarrollo de la aviación de la Unión Soviética. En este lugar se inició la transición desde la aviación construida base de madera a la construcción de aviones de metal. Desde este sitio se avanzó en muchas áreas en las que la Unión Soviética estaba realmente retrasada, como el bombardeo y la aviación de transporte. A pesar de la truculento que resulta hablar de un cautiverio, el libro es refrescante y animada a la lectura. Su tono anecdótico y sincero relata episodios como el rechazo de Tupolev a las computadoras, según él "una pseudo-ciencia... que no va a servir de mucho y será olvidada". Esto era algo que precisamente perseguía la doctrina del Partido Comunista de aquella época, ya que parte del éxito que cacareaba el partido vendría de la mano de la producción ayudada por las nuevas tecnologías.

Una de las cosas que Kerber omite o pasa por encima muy a la ligera son los viajes que el propio Tupolev efectuó a los Estados Unidos de América. Tupolev se vio muy influenciado por dos grandes viajes que efectuó a los Estados Unidos. Viajó por primera vez entre 1929 y 1930 como miembro de una delegación que tenía como objetivo principal la compra de motores de aviación para tratar de compensar el retraso de la Unión Soviética en este área. La segunda visita de Tupolev a los centros de aviación de Estados Unidos en 1935, fue la más importante de los dos que hizo Tupolev. En este segundo periplo Tupolev estuvo un total de 105 días de gira por Estados Unidos. El viaje tenía puesto el énfasis en la observación del diseño de aeronaves de los Estados Unidos. Norteamérica ya era una potencia industrial y Tupolev estaba muy interesado en los métodos de diseño, desarrollo y fabricación de la que a la postre sería la nación más poderosa y puntera en este terreno. Las malas lenguas dicen que algunos de sus diseños fueron "inspirados" por lo que allí le enseñaron los "Yankees".

Aunque Tupolev fue oficialmente rehabilitado en 1956, el régimen soviético nunca tuvo pensado hacer público su paso por la prisión o sharaga. Al menos esto es lo que asegura uno de los investigadores que revisaron el caso Tupolev en los archivos de la KGB. Además el comité de rehabilitación pidió a Tupolev que firmara un acuerdo secreto de no divulgación de por vida. Cuando este murió en 1972, la frase "neobosnovanno repressirovan" (represaliado sin motivo) habría parecido fuera de lugar entre los muchos honores oficiales que figuraban en su obituario, por lo que la versión oficial siempre ocultó esta frase. Si Leonid Kerber no se había atrevido a escribir esta historia y plasmarla en papel, la jaula de los monos, que se encuentra en el techo de la oficina de diseño Tupolev hoy en día, podría haber seguido siendo la única evidencia de la sharaga. Kerber ha hecho un servicio tanto a su viejo amigo como a la historia por contar la verdad detrás de ese monumento extraño.
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La Orden de la Bandera Roja al Trabajo (en ruso: Орден Трудового Красного Знамени) la medalla de la Unión Soviética para honrar a grandes hombres que prestaron servicios distinguidos al Estado y la sociedad soviética en los campos de la producción, la ciencia, la cultura, las artes, etc. La distinción también fue concedida colectivamente a algunas instituciones y fábricas que fueron el orgullo de la Unión Soviética

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